Acercamiento a la Maloca Tanimuka


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La maloca es la vivienda colectiva de los indígenas en gran parte de la Amazonia colombiana. En una maloca habitan por lo general tres generaciones de una familia extensa, lo cual puede corresponder de cinco a diez familias nucleares, es decir de treinta a sesenta personas. Sin embargo hoy en día muchas familias prefieren vivir en casas de pilote alrededor de la maloca donde solo queda viviendo el maloquero y su familia.

Además de ser vivienda, la maloca es el centro espiritual donde celebran los rituales, entierran los muertos y es la base del uso y manejo del territorio así como de la economía. Allí se define qué recursos se pueden utilizar, en qué época del año y en qué cantidades. También se definen los intercambios entre las familias y con otras malocas, siendo esta la base de las alianzas y de la economía solidaria.

Pero la maloca es ante todo un modelo del cosmos: en el mito de origen cuando los seres sobrenaturales la consiguieron para la humanidad, lo que obtuvieron de los espíritus guardianes fue el poder para participar en el manejo del mundo.
La estructura de la maloca representa los diferentes niveles del cosmos, lo cual varía de una cultura a la otra. En el caso de los Tanimuka cuando se mira hacia el cielo, el primer nivel es el mundo de las estrellas donde según los indígenas se encuentran la energía y los espíritus guardianes de la comida cultivada y de la flora silvestre. En el siguiente nivel está el mundo de los gallinazos, que representa los intercambios y las alianzas, así como la muerte. El próximo nivel es el de la música y los cantos, y más arriba, el último nivel es el del pensamiento y la energía vital; hacia abajo también existe el mismo número de mundos que varían de color y temperatura y representan la creación y energía femenina.

Los indígenas y los animales viven en el nivel central donde se une lo masculino y lo femenino, la energía vital con la esencia de la creación. En medio de estos dos mundos está la maloca que les permite a los indígenas participar en su manejo del cosmos, que se hace mediante la celebración de rituales en los cuales regulan las actividades, como cultivos, caza, pesca e incluso la reproducción social.

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Por su orientación este-oeste, los rayos solares entran por las claraboyas del techo y la maloca opera como reloj y calendario solar, el sol al penetrar trae la energía de los mundos de arriba y los reparte a la maloca con lo cual se activa el modelo del cosmos.

La maloca es administrada por el maloquero con su maloquera. En este modelo del cosmos el chamán maneja el mundo por medio de las curaciones y la articulación con los espíritus guardianes de la naturaleza. Al dirigir los rituales el cantor anima el modelo. El canto transforma la gente en sus ancestros y entran al mundo de origen siguiendo el camino abierto por el chamán; de esta manera se purifican y se restablece el orden original de la creación.

Hasta comienzos del siglo XX, los grupos indígenas de la región vivían principalmente en los afluentes de los grandes ríos, a una distancia unos de otros de un día en canoa. Una maloca grande podía albergar hasta cien personas. Estas agrupaciones obedecían en gran parte a la necesidad de cooperar en el trabajo con herramientas de piedra y a los constantes conflictos intertribales. Una maloca permanecía en un mismo sitio por un periodo aproximado de veinte años, al final del cual se trasladaban a otro sitio debido a que se escaseaba la cacería y la pesca y se cansaban los suelos para los cultivos.

La tendencia hoy es a desplazarse siempre menos, debido a la infraestructura como canchas de fútbol, colegios y puestos de salud que el gobierno aporta. Esto genera problemas de alimentación y tensiones sociales. Infortunadamente, el modelo de asentamientos permanentes no se adapta a la capacidad de carga de los ecosistemas.

– Martín von Hildebrand

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