Baile

El Manejo Tradicional del Medio Ambiente en la Amazonía.

El chamán, el cantor, el maloquero y el flujo de la energía vital.

Cuando entré por primera vez a la selva amazónica en 1971, orientado por los profesores Gerardo Reichel Dolmatoff y Federico Medem, me sumergí en un territorio mágico conformado por densas selvas, ríos de aguas transparentes y grupos indígenas muy tradicionales. Viví cuatro meses a remo desde Mitú hasta la Pedrera, surcando los ríos Vaupés, Pirá, Apaporis, Mirití, Guakayá y Caquetá.

Hasta 1979, como funcionario del Instituto Colombiano de Antropología  viví la mayor parte del tiempo en la selva, principalmente con los tanimuka y yukuna. Con ellos analizamos la relación entre el mundo indígena y la sociedad mayor, a partir del impacto que tenía la cauchería, la educación misionera y los comerciantes. Por aquellos años pude acercarme a su visión del mundo y su forma de vivir la selva.

De primera mano constaté el íntimo conocimiento de los indígenas sobre su entorno y de cómo se sienten parte de la selva. La viven como una unidad conformada por una gran diversidad donde la interdependencia entre las especies define el sistema de vida. La energía que fluye entre las partes es la que mantiene este sistema. Los humanos somos parte y tenemos la responsabilidad de velar por el flujo entre nosotros y las demás especies. En donde se detenga el flujo de energía y se acumule, aparece la enfermedad.

Aquí cada ecosistema, cada grupo de animales y de plantas tiene un espíritu guardián que vela para que fluya energía suficiente para las especies bajo su cuidado. Según los indígenas la cantidad total de energía en la naturaleza es limitada y por eso existen principios heredados desde el nacimiento del mundo que orientan el manejo de la misma, para que cada especie se beneficie de su flujo. Si una especie abusa y acumula mucha energía vital privando a otros, estos envían enfermedades para que suelten energía y recicle.

Para estos pueblos, los principios reguladores se expresan en restricciones alimentarias y sexuales, lo cual regula la demanda sobre el medio para no abusar de la energía de los demás seres. Estas restricciones las orientan y administran tres figuras de autoridad: el chamán, el cantor y el maloquero.

El chamán al igual que todos los seres es un canal por donde fluye la energía vital o cósmica; pero en su caso es un especialista que puede manejarla y orientarla. Para que esta energía no se detenga en el cuerpo y para que fluya con facilidad, los chamanes guardan dieta, evitando ante todo el consumo de grasas y de sal. Se especializa en técnicas como la meditación y otros estados que permiten ampliar la conciencia y acceder al flujo de energía y orientarla, por ejemplo para curar personas que tienen problemas con ese flujo y se enferman.

El chamán es un canal altamente refinado y especializado para orientar la energía vital del mundo, del cosmos, y cuida que se mantenga pura y fluya. Es quien orienta las relaciones de la comunidad consigo misma, con su entorno y con las demás comunidades, buscando el balance energético.

El cantor, o maestro de ceremonias, es el encargado de dirigir los cantos sagrados en los rituales, los cuales se celebran a lo largo del año de acuerdo con la fructificación de las plantas. En estos rituales los bailadores se transforman en sus ancestros conectándose de nuevo con los espíritus guardianes de la naturaleza y devolviendo la energía acumulada durante cada época. Se limpia entonces la energía en todos los seres para restablecer su flujo primordial y estimular así la reproducción de la naturaleza. Los rituales se celebran en cada cambio de estación o cuando hay enfermedades o muerte, ya que estos se deben a que la energía está contaminada o se ha acumulado en algún lugar porque los humanos no han respetado las restricciones, han transgredido los límites que permiten convivir con la naturaleza.

El maloquero es el que administra la maloca, velando por la cooperación entre la gente para el bienestar de la comunidad. En estas prácticas se aplican las restricciones indicadas por el chamán e introducidas por los rituales. El maloquero ordena cuando se hace cacería o pesca, cuando se hacen las chagras, cuando se construye o se repara la maloca. Supervisa que haya suficiente comida para toda su gente, previene o resuelve los conflictos entre los miembros de su comunidad por medio de consejos o contando mitos por la noche. Solicita al chamán que haga las curaciones y vela porque se cumplan las restricciones que se imponen. También ordena que se hagan los rituales cuando el chamán diga y le dice al cantor que se ocupe de los cantos. Sin el maloquero, aunque exista un chamán y un cantor, la comunidad no funciona.

La maloquera, mujer del maloquero, coordina el trabajo de las mujeres, asegura que las chagras o huertas funcionen, reparte las semillas y coordina la producción de la comida en la maloca, en especial en tiempos de ritual. Sin una maloquera eficiente que asegura que haya comida suficiente para el diario, para los visitantes y sobre todo durante los rituales que pueden incluir más de cien personas durante tres días, un maloquero no puede operar.

Este valioso acerbo de conocimientos que implica un manejo detallado y preciso de la naturaleza, acumulado por siglos de observaciones y experiencias, y que depende de una gran sensibilidad, sabiduría y disciplina de las personas y del grupo, se viene erosionando con la imposición de formas de vida foráneas, como son por ejemplo los programas gubernamentales que no tienen en cuenta las particularidades culturales de la región, o la economía extractiva en los sucesivos boom económicos, ya sean de caucho, pieles, coca, petróleo y oro.

El empeño que los asesores hemos puesto en conjunto con los indígenas en estas décadas es aprender el arte de aliarnos horizontalmente y apoyarnos mutuamente, para desarrollar sistemas interculturales que les permitan mantener su cultura, y aportar y acceder al mundo moderno.

Por eso, desde aquel remoto 1971, cuando entré como antropólogo interesado en la mitología y cosmovisión de los pueblos amazónicos, en realidad me convertí en un aliado de su causa, hermanado y comprometido con la idea de apoyar a las comunidades para que recuperaran el manejo de sus vidas y sus territorios.

En el trabajo de la mano con ellos por más de cuarenta años, he acompañado estos procesos en la Amazonia desde sus inicios. La experiencia me demuestra y confirma a diario, que desconocer la importancia de los indígenas en la definición y la ejecución de propuestas de conservación, regionales, nacionales y planetarias sería un grave error.

 
– Martin von Hildebrand.

“Escuchemos con cuidado lo que las demás culturas tienen que decir.”

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