La Amazonía también es Colombia: retos urgentes en el post Acuerdo de Paz

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En este momento Colombia va por una segunda versión del Acuerdo de paz con las FARC y se encuentra concertando para alcanzar un acuerdo con el ELN. Se discuten temas que orientarán el futuro de nuestro país, pero no están sobre el tapete una Colombia y unos habitantes que muchos no tienen presente y que serán cada vez más protagonistas en el mundo de hoy: la Amazonía y sus etnias indígenas. La Fundación Gaia Amazonas invita a los colombianos a dirigir la mirada y abordar las problemáticas de esta región que también es parte integral del país y que tiene un valor incalculable por su biodiversidad y por el conocimiento ancestral de sus pueblos en el manejo de estos territorios.   

¿Cuáles son los modelos de desarrollo que queremos?

Cuando algunos miran hacia la Amazonía, ven un palo en la rueda del “desarrollo” o un área para la conservación cuyos lugares más prístinos deben permanecer intocados. No tiene que ser así. No se trata de enfrentar “desarrollo versus conservación’ sino de encontrar diferentes modelos de desarrollo cultural y ambientalmente pertinentes para la región.

El modelo de desarrollo convencional se enfoca en la industria extractiva, que beneficia a pocos a costa del bienestar de muchos y del equilibrio del entorno natural. Podemos sin embargo plantear otro modelo que entienda la diversidad ambiental y cultural no como un limitante sino como una fortaleza, donde la innovación surge a partir del intercambio entre sistemas de conocimiento occidentales con sistemas indígenas. Un desarrollo sostenible acorde a las necesidades de los pueblos, que aproveche el valor de la biodiversidad de su territorio y de los aportes únicos en conocimiento tradicional de sus sistemas de vida milenarios; los cuales pueden contribuir a nuevas estrategias de gobierno para responder a la crisis ambiental del planeta, además de traer bienestar social y ambiental para todos.

Las posibilidades de gestionar e innovar de manera conjunta con los Pueblos indígenas son amplias, por ejemplo: temas de soberanía alimentaria, desarrollo de nuevos medicamentos y abordajes en medicina, o estrategias de desarrollo donde economías de bajo impacto como el turismo solidario, solventen necesidades específicas y donde el crecimiento verde emergente pueda tener un sólido pie a tierra en la Amazonía Colombiana.  

La falta de políticas coherentes ha dejado expuesta esta región a dinámicas de desarrollo informal sin lineamientos, prioridades o controles, en cuyo marco se han sucedido la cauchería, el tráfico de pieles o drogas y la minería; por los cuales la población local y el medio ambiente han sido afectados de las peores maneras imaginables. En Colombia se han establecido políticas públicas contradictorias con respecto a la Amazonía; unas abogando por el desarrollo sostenible a partir del conocimiento tradicional y otras promoviendo el desarrollo de industrias extractivas, por ejemplo. Por un lado Colombia firma unos acuerdos en el marco de Visión Amazonia con Alemania, Noruega e Inglaterra, comprometiéndose a lograr deforestación neta para el 2.020 y a la vez fomenta actividades extractivas mineras desde su Plan Nacional de Desarrollo. Esta contradicción genera conflictos en el territorio que en el marco de un post-acuerdo paradójicamente aumentarán, pues zonas que estaban vedadas por el orden público, serán accesibles y objeto de interés para la inversión privada. Se hace entonces cada vez más relevante la pregunta sobre el modelo de desarrollo que queremos para nuestro país y en especial para la Amazonía.

Construir gobernabilidad desde las comunidades: La necesidad de fortalecer procesos locales y llenar vacíos político administrativos

A pesar que el Amazonas es el 42% del país, representando un área 8 veces el tamaño de Boyacá, es una región sin mayor presencia estatal y necesitada de políticas regionales con un enfoque diferencial dados los escenarios que allí conviven: territorios indígenas, áreas naturales protegidas, frentes de colonización y cascos urbanos.

En la Amazonía, de 48 millones de hectáreas, la mitad es territorio amparado bajo la figura de resguardo indígena. No hay municipios, es decir, no hay formas de gobierno local como las conocemos en la región Andina o el resto del país. Se preguntarán entonces quién toma las decisiones locales sobre temas como educación, salud o inversiones, y quién representa a la población en las tomas de decisiones vitales. Desde la década del 90 se vienen construyendo gobiernos indígenas en estos territorios “no municipalizados” con el amparo de la Ley. Estos gobiernos llamados AATIs (Asociaciones de Autoridades Tradicionales Indígenas del Amazonas) están asumiendo cada vez más responsabilidades (por ejemplo hoy 17 gobiernos manejan la educación primaria con una cobertura del 97% -la más alta de Colombia-), sin embargo, es necesario fortalecer sus competencias, exigencias y responsabilidades para que tengan una gobernanza fuerte y presente, que sea coherente con sus prioridades culturales y la función social y ecológica de sus territorios.

Urge definir los marcos legales pertinentes, porque su no pleno reconocimiento es una fuente de conflicto para la gobernanza y la gobernabilidad de la región. Gaia Amazonas, junto a aliados estratégicos, está apoyando al Estado en la conceptualización del Decreto de Áreas no Municipalizadas para avanzar en este sentido y ampliar las funciones de las AATIs. Entre sus objetivos: estructurar las relaciones de competencias con las demás instituciones del Estado para así fortalecer la gobernanza efectiva en los resguardos, y fortalecer las competencias y responsabilidades de las AATIs en el manejo de sus territorios y desarrollo de programas sectoriales como la educación intercultural.

También es necesaria la actualización de los planes de ordenamiento territorial y “Planes de Vida” de los territorios indígenas y su coordinación con entidades territoriales y Áreas Protegidas Nacionales en zonas traslapadas, para planificar de manera coordinada y ordenar el territorio de la mayor parte de los municipios y áreas no municipalizadas. De esta manera se podrán proteger zonas marginalizadas y en riesgo de ser recipientes de economías ilegales de guerra que migran de zonas tradicionales del conflicto a estas zonas fronterizas en el corazón de la Amazonía.

Para los centros poblados, la desmovilización de grupos armados producto del proceso de paz, y la apertura de unas fronteras antes no accesibles por orden público, implicarán la posibilidad de un aumento de la población. Estos municipios tendrán que prepararse para absorber este flujo poblacional y su consecuente demanda de oportunidades. Deberán planificar el uso del suelo y el aumento en la cobertura de servicios públicos: salud, educación, tecnologías de comunicación, infraestructura de acueducto y alcantarillado (sin afectar las fuentes abastecedoras de agua), energía eléctrica e infraestructura de transporte (fluvial, terrestre, aéreo), lo mismo que la gestión de residuos y vertimientos.

El riesgo de la continuidad y migración de economías extractivas ilegales y una mayor presión sobre los recursos naturales  

Por la experiencia en otros contextos, se prevé que un aumento de la población y la ausencia del conflicto armado, ocasionen una mayor presión sobre los recursos naturales por la demanda generada desde los centros urbanos. El cambio del uso del suelo para actividades agropecuarias en la parte occidental de la Amazonía, el tráfico ilegal de fauna en la parte oriental, la minería legal e ilegal, la extracción de maderas, y la exploración y explotación de hidrocarburos, son algunos ejemplos de las transformaciones territoriales y económicas que pueden potenciarse. Muchas de estas actividades generan una mayor fragmentación de los ecosistemas naturales en el piedemonte andino amazónico. Para evitarlo debe procurarse el establecimiento de corredores de conservación que permitan su conectividad y la protección de los nacimientos de los ríos amazónicos y de áreas de alto valor de conservación por sus características biológicas e importancia sociocultural.

Es posible que en el post acuerdo la primera atención del Estado (en inversión social y control de la fuerza pública) se centre en Guaviare, Caquetá y Putumayo. Las presiones para desmantelar las economías ilegales en el piedemonte propiciarán su migración a territorios indígenas amazónicos con menor presencia estatal y a zonas fronterizas. No se puede desconocer que el conflicto social y cultural ha tenido un escalonamiento y un proceso de descomposición en algunos pueblos indígenas y sus autoridades debido a estas presiones. La minería ilegal llegó a negociarles el pago de “regalías” por su libre funcionamiento y a emplearlos en oficios peligrosos de dragas y buceo en lechos de ríos. Con sus malas e insostenibles prácticas, la minería afecta áreas de manejo especial que representan el patrimonio natural y cultural de la nación, niega el derecho a la salud y a la vida a sus habitantes. Esto lo evidenció un estudio de contaminación por mercurio realizado por el Fondo Patrimonio Natural y Parques Nacionales Naturales en el medio Caquetá, entre el Araracuara y el Parque Nacional Cahuinarí, el cual reveló niveles más allá de lo recomendado por la OMG en peces y personas de las comunidades indígenas (20 veces más altos). También, en la región de Taraira sobre el río Apaporis, los índices de mercurio son los más altos de América. Los daños que este metal ocasiona en el ser humano son graves; afecta el sistema nervioso y reproductivo, atraviesa la placenta y llega vía leche materna a los bebés, condenando a la desaparición a mediano plazo a etnias con poblaciones mínimas, de 400 integrantes como es el caso de varias en la Amazonía.

La experiencia de Gaia Amazonas y su aporte en el post-acuerdo

El equipo de la Fundación Gaia Amazonas se prepara para aportar su experiencia y trabajo en esa Colombia desconocida para muchos y que jugará un papel de la mayor importancia en los días por venir, no solo en el ámbito nacional sino por el papel clave que la Amazonía juega para el mundo frente a los retos que plantea el cambio climático.

Gaia Amazonas ha tenido la fortuna de aportar al logro de una mejor gobernanza en los departamentos del Vaupés y Amazonas. Es referente sobre un área de influencia de 6 millones de hectáreas, gracias a un trabajo de más de 25 años mano a mano con comunidades indígenas, AATIs y gobierno. Ha apoyado 17 AATIs y 25 grupos étnicos en el logro de su empoderamiento, investigación endógena, construcción y descentralización de 13 procesos de educación primaria, ordenamiento territorial, transmisión de conocimiento y creación de 2 mesas de coordinación para superar brechas entre lo local, regional y nacional. Ha sido reconocida su labor en el río Pirá Paraná y en la Declaración de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad al manejo territorial ancestral de sus etnias. Su apoyo y experiencia de trabajo en el establecimiento del Parque Nacional Yaigojé Apaporis se podrá extrapolar y ser útil en procesos de postconflicto, pues allí durante más de 10 años se vivió otro diálogo y otros acuerdos de los que el país tiene mucho que aprender.

Los invitamos entonces en este momento crucial para la historia de Colombia, a ampliar su mirada más allá del piedemonte andino y a conocer y apoyar esa Colombia que también existe: la Amazonía.

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