Programa de Microproyectos

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El programa de microproyectos fue establecido por la FGA en el año de 1991 con el objetivo de apoyar iniciativas comunitarias indígenas como una alternativa viable para mantener y recuperar la diversidad biológica y cultural en la Amazonia, brindando apoyo técnico y fondos semilla. Este programa de microproyectos se acabó en el año 2002 debido a que las comunidades comenzaron a asumir con fondos de transferencias del Sistema General de Participaciones sus iniciativas locales.

Los microproyectos resultaban de un análisis y discusión conjunta en cada comunidad. En estos microproyectos se plasmaban necesidades concretas de las comunidades que se presentaban a la FGA y eran financiados con recursos de la Cooperación Internacional. Estos se desarrollaron principalmente en los siguientes temas:

  • Refuerzo de escuelas comunitarias y proyectos educativos indígenas
  • Investigación indígena y manejo tradicional del territorio
  • Organización regional y fortalecimiento institucional de AATI
  • Tradición oral y fortalecimiento cultural
  • Alternativas económicas de producción y mercadeo
  • Organización propia de mujeres indígenas
  • Salud intercultural y preventiva

La formulación de dichos microproyectos se hacía en diferentes fases que podían durar un año o más. La primera fase conocida como las visitas de animación, realizadas por los profesionales de terrenos de la FGA, pretendía establecer relaciones de comunicación horizontal con la gente de las comunidades interesadas en participar en el programa. En estas visitas se formulaban objetivos, actividades y compromisos que posteriormente resultarían en propuestas concretas de microproyectos. Generalmente se debían llevar a cabo entre dos y cuatro visitas de animación antes de que la propuesta pudiera ser considerada como un proyecto viable. Un proyecto se encontraba en la fase de animación mientras no se hubiera firmado un acuerdo formal entre la comunidad y la FGA.

Una vez formulado y acordado el microproyecto, se traducía al idioma indígena de la comunidad para ser socializado con la gente en una asamblea comunitaria. En dicha asamblea, la autoridad tradicional designaba a un representante de la comunidad para que viajara a Bogotá a formalizar el proyecto y a buscarle financiación. Es aquí donde comenzaba la segunda fase denominada “formalización de los acuerdos”.

En esta fase se llevaban a cabo reuniones con los directivos y miembros de la FGA para revisar y discutir nuevamente la propuesta. Una vez aprobada, se redactaba y firmaba un convenio que estipulaba los compromisos adquiridos por las partes. Con el convenio formalizado, la FGA procedía entonces a desembolsar en una fiducia designada para el desarrollo del microproyecto y administrada por la comunidad, el dinero aportado por el Fondo General de Microproyectos. Aunque los fondos venían de la FGA, las comunidades debían aportar tiempo, recursos humanos, alimentación, etc. a manera de contrapartida dentro del Convenio. Este Fondo General de Microproyectos fue alimentado principalmente por financiadores como DG-VIII de la Comisión Europea, The Sigrid Rausing Trust (UK), Global 2000 (Austria), DANIDA y Earth Love Fund (UK). Si bien los microproyectos se desarrollaban a largo plazo, el convenio institucional se firmaba por un plazo de 2 a 3 años. No obstante lo anterior, la comunidad podía solicitar la ampliación del plazo de la ejecución de las actividades o incluso la ampliación del apoyo económico.

Al cabo de los años, muchos de estos microproyectos acabaron articulándose con procesos regionales liderados por las Asociaciones de Autoridades Tradicionales Indígenas (AATI). En este sentido y teniendo en cuenta que los recursos del Fondo General de Microproyectos se agotaban, algunas comunidades a través de sus Asociaciones decidieron invertir recursos del Sistema General de Participaciones en sus iniciativas locales para darles continuidad.

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