Canoas y Canoitas: 24 años de encuentros transfronterizos entre pueblos indígenas de Colombia y Brasil para el manejo de una Amazonía sin fronteras

Cerca de 100 personas de los pueblos indígenas Baniwa y Curripaco, integrantes de comunidades de Colombia y Brasil, atravesaron varios raudales, se detuvieron en comunidades que encontraban a su paso para pasar la noche y, después de varios días de recorrido a lo largo del río Isana llegaron al mismo destino con un propósito en común: el encuentro.

El punto de llegada fue la comunidad de Matapí, ubicada en la región del Alto río Isana, en el municipio de São Gabriel da Cachoeira, en el estado de Amazonas, Brasil. Allí, el pasado julio, les esperaba una conversación entre parientes indígenas que habitan una misma selva y recorren un mismo río más allá de sus fronteras.

Estos encuentros, también conocidos como Canoas, (Cooperación y Alianza en el Norte y Oeste Amazónico) o Canoítas, reuniones de carácter más local, nacieron en 2002 gracias al interés de los Gobiernos Indígenas de Colombia y las organizaciones indígenas de Brasil y Venezuela con el apoyo de organizaciones de la sociedad civil como la Fundación Gaia Amazonas o el Instituto Socioambiental de Brasil (ISA). Desde entonces, se han consolidado como espacios de encuentro, intercambio y articulación regional de pueblos indígenas que comparten la Amazonía.

FOTOGRAFÍA: Juan Carlos Zapata

Desde su origen, cuenta Francisco von Hildebrand, director de la Fundación Gaia Amazonas, organización que acompañó la iniciativa, estos encuentros han buscado poner en práctica una visión de la conectividad amazónica que integra las dimensiones ecológica, social y cultural del bioma. Una perspectiva que parte de una premisa fundamental: la conservación de la Amazonía, la selva tropical más extensa del planeta y un territorio con un papel fundamental en la regulación climática global, requiere del reconocimiento y la protección de una selva que permanece viva porque está conectada.

“Las Canoas nacen bajo esa visión de conectividad y de esa relación ecosistémica, social y cultural a través de fronteras. Es la forma efectiva de abordar las estrategias tanto de protección de la Amazonía, como de avance en asuntos de derechos indígenas. Si tenemos una visión fracturada, vamos a tener estrategias fracturadas”, señala Francisco von Hildebrand.

Un estudio de la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada (RAISG) y la Alianza Noramazónica (ANA) señala que, a escala panamazónica, los territorios indígenas mantienen el 98,5 % de sus coberturas naturales. Un ejemplo de conservación como ninguno, relacionado con las formas propias de gobernanza y manejo territorial de los pueblos indígenas, sustentadas en sistemas de conocimiento que orientan la relación con el bosque y los seres que allí habitan. Los calendarios ecológicos, que reconocen los ciclos de regeneración de la tierra; las relaciones de intercambio y reciprocidad con el territorio; el cuidado de lugares de regulación y concentración de energía, también llamados sitios sagrados; y, sobre todo, el reconocimiento de los pueblos como parte de un sistema vivo son algunos de los principios que han contribuido a mantener la integridad de estos territorios.

Acuerdos de manejo para el cuidado de una cuenca integrada 

Investigación endémica, economías locales, planes de manejo ambiental, educación y salud intercultural son algunos de los temas que, durante más de dos décadas, han reunido a pueblos indígenas de Colombia y Brasil alrededor de las cuencas de los ríos Isana y Tiquié.

A partir de sus propias preocupaciones, de las similitudes que comparten y de las amenazas que enfrentan, estos pueblos han construido una agenda común sobre el territorio para conversar, intercambiar conocimientos y acordar acciones para su cuidado y protección. “Los pueblos indígenas son  quienes conocen su territorio, ellos son quienes manejan su territorio y lo gestionan. Entonces esas necesidades identificadas ellos mismo  se fortalecen a través de estas iniciativas y estos intercambios”, señala Patricia Navas, coordinadora regional TerrIndígena.

A lo largo de estos 24 años de encuentros transfronterizos se han establecido acuerdos de manejo para la protección de la cuenca. Entre ellos, la prohibición de herramientas de pesca masiva que afectaban la llegada de peces a determinados puntos del río y, con ello, la soberanía alimentaria de las comunidades; el reconocimiento de sitios sagrados donde se restringe la caza; y las alertas frente a la sobreexplotación de la palma de caraná, fundamental para algunas prácticas tradicionales.

Las conversaciones sobre el manejo integrado de la cuenca también han abierto espacios para intercambiar experiencias de monitoreo ambiental, un ejercicio liderado por los pueblos indígenas para registrar las transformaciones que ocurren en sus territorios. Cambios en los ciclos de migración de las aves, disminución de plantas medicinales o alteraciones asociadas a temporadas prolongadas de lluvias son algunos de los fenómenos que las comunidades han identificado y que dan cuenta de los efectos del cambio climático sobre los ecosistemas.

“Los agentes indígenas de manejo ambiental son personas fundamentales para hacer el registro general del cambio climático. Ellos siempre nos comunican: ‘Mira, el próximo mes va a ocurrir lluvia, va a haber una sequía más extrema’. Ellos cumplen un papel fundamental en nuestras comunidades, siempre buscando estrategias y viendo la realidad que está ocurriendo”, señala Tiago Pacheco, educador indígena. 

Para Aloisio Cabalzar, investigador del Instituto Socioambiental de Brasil (ISA) y una de las personas que ha acompañado el proceso de las Canoas desde su origen, estos ejercicios de monitoreo son fundamentales para enfrentar el cambio climático y fortalecer las formas propias de manejo del territorio. “Este trabajo de investigación es importante para la investigación local. Los indígenas son portadores de conocimientos muy profundos y detallados de los ecosistemas donde viven. Entonces son autoridades en conocimiento”, afirma.

 

Fortalecimiento del Gobierno Indígena como estrategia efectiva de conservación 

Con el pasar del tiempo, las Canoas y Canoítas se convirtieron en espacios de fortalecimiento de los Gobiernos y Asociaciones Indígenas y manejo propio del territorio. En más de dos décadas, han surgido relevos generacionales de liderazgos locales y con ello, nuevas preguntas y necesidades, y la oportunidad de revisar los acuerdos construidos en el pasado.

Ese relevo ocurre, además, en contextos políticos diferentes. Aunque los pueblos que habitan la cuenca comparten territorios, sistemas de conocimiento y vínculos culturales las formas en que sus gobiernos son reconocidos y se relacionan con los Estados no son las mismas. En Brasil, por ejemplo, los Planes de Gestión Territorial y Ambiental (PGTA) son instrumentos para orientar la gestión de los territorios indígenas; en Colombia, los Planes de Vida cumplen un papel central para el ordenamiento territorial y gobierno propio. De la misma manera, mientras en Colombia los Gobiernos Indígenas avanzan en la consolidación como Entidades Territoriales Indígenas, en Brasil las autoridades indígenas también ejercen un papel reconocido como autoridad ambiental de sus territorios.

Las diferencias entre ambos países no impiden el intercambio; por el contrario, lo hacen necesario. Como señala Francisco von Hildebrand, “si bien es cierto que los marcos legales y contextos históricos, contextos políticos varían de un país al otro, lo que son las metodologías, los abordajes y las estrategias interculturales, esas herramientas de cómo construir una planeación y una gestión intercultural, sí son transferibles de un país al otro”. Así, más que comparar figuras de gobierno, los encuentros permiten poner en conversación distintas formas de planear, gobernar y gestionar el territorio, reconociendo aquello que puede ser compartido y adaptado a cada realidad. 

Este intercambio es especialmente relevante en una región de alta biodiversidad como la cuencia hidrográfica del Río Negro, del que son alfuentes el río Isana y Tiquié donde se desarrolla los encuentros transfronterizos.  “Teniendo estos dos documentos de trabajo, somos igual un solo pueblo, vivimos en el mismo territorio, en el mismo río, entonces es importante que integremos, conozcamos estas experiencias, tanto del lado de Brasil como del lado de Colombia, para que así pueda enriquecer nuestros instrumentos, tanto aprendiendo de un lado de la experiencia desarrollada en Colombia, como del lado desarrollado en Brasil también”, señala Dzodzo Baniwa, secretario ejecutivo de la Organización Baniwa-Curipaco na Nadzoeiri, río Isana. 

Por eso, las Canoas no son un proceso que pueda darse por terminado. Cada encuentro retoma acuerdos, revisa lo construido y abre nuevas conversaciones a partir de los cambios que viven los territorios. “Lo que es muy importante entender de las Canoas es que no es un proceso que se acaba. Se tiene todo el tiempo que revisar y es un proceso que es continuo”, afirma Patricia Navas. Su continuidad permite que el conocimiento viaje de una generación a otra, que los gobiernos indígenas se fortalezcan y que los pueblos que comparten una misma cuenca puedan seguir asegurando la pervivencia de la Amazonía como un solo sistema que debe entenderse conectado para que siga sustentando la vida en el planeta.

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